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CULTURA DE LA ESTUPIDEZ

¿Nos educan para ser idiotas?

Parece ser que sí. Estar al frente de un cargo comprometido sin ninguna clase de preparación para ello, es habitual en nuestra sociedad.

Todos los estudios desde la infancia hasta la universidad están enfocados a ocupar un puesto de trabajo en el sistema mercantil.

Nuestros hijos,exprimen sus neuronas para estar entre los primeros, y conseguir untítulo de maestría e instalarse dentro del sistema de mercado, para conseguir el mejor rédito posible a una inversión de años y adquisición de conocimientos, que harán sobresalir a cualquiera y situarlo donde le corresponde. Se estudió y se busca trabajo con la coherencia de quien estudia una carrera, se titula y busca en correspondencia a la misma. Esto es normal. Lo anormal es ocupar un sitio de relevancia sin estudios ninguno, por el hecho de que eres un conocido de tal o cual rector. Después nadie sabe responder adecuadamente a los dilemas. No se está preparado para ello. Y aquel que sí lo está, queda relegado al paro, a la espera de que haya un nuevo reclamo en otra empresa. Esta razón es un comienzo a la estupidez. Una estupidez demasiada expandida en el mundo por parte de quienes no tienen ningún interés en abordar y reglar un sistema serio y responsable, donde se le da al conocimiento cauce para ser practicado con conciencia.

El que sabe calla, mientras que el estúpido cacarea como un gallo multicolor. Es llamativo pero vacío de contenido. No tiene el estúpido carrera ninguna excepto la de ser payaso de circo. No teme la ridiculez porque cree que su opinión sobre cualquier cuestión es tanválida y licita como la del profesional, aquel que se quemó las cejas en sus estudios y demostró su valor en sus trabajos. En nombre de la igualdad no le importa ser ignorante, solo ser visible a los ojos de los demás. Qué importancia tiene el saber si su puesto de trabajo, a dedo por su primo político, le da a ganar 3000 €/mes. Prima en el estúpido el sin sentido por ausencia de cordura. La inutilidad se regenta evidente en una sociedad que prepara a nuestros hijos para un vacío donde las oposiciones son la última alternativa para ocupar un trabajo merecido. Por ello el estúpido se siente fuerte, porque tiene más posibilidades fuera del sistema de estudios preparatorios que dentro del mismo. La estupidez carece de leyes y de normas. También de currículo. Cuando un estúpido se siente fuerte y respaldado, no existen razonamientos que le puedan cambiar de parecer. Cuando un estúpido dice estar seguro, tiemble el mundo. El estúpido tiene una filosofía que defender y es la necedad. Se basa en su ignorancia disimulada y la ausencia de formación. La erudición es para los demás, mero entretenimiento para conseguir nada. La sabiduría del estúpido predomina en un mundo donde la cultura está en manos de los mismos memos.

Los eruditos saben que la inteligencia y conocimientos son fruto del estudio, de la reflexión y de lecturas formativas, por eso lo busca y estima para cultivar su mente y corazón.

El no saber ocupa lugar. Es cierto, hoy ser ignorante y tener un primo en lugares de encargo, te puede dar la posibilidad de ocuparte sin más. No importa si no sabes, eres primo, o amiguete, es suficiente. Por este motivo las complejidades aumentan día a día entre burocracias de laboratorio hasta el extremo de creer que todo es tan dificultoso que se requiere de más incorporaciones para aliviar las cargas de las agendas. Más idiotas al poder para embrollar los trabajos, cuando en realidad todo sería tan sencillo como ocupar a profesionales que saben defender su trabajo, que para eso se han preparado. No se puede escoger a cualquiera para un puesto laboral cuando existe un sistema de preparación verificado y eficaz, pues las cabezas de tontos e ineficaces están repletas de rencores, prejuicios y enredos por falta de orden en sus vidas y por no emprender estudios de capacitación. Son un peligro social, pues ante las demandas del mercado defienden la igualdad antes que la sensatez y la libertad.

Un estúpido que no escuche y esté instalado en un puesto de relevancia es un riesgogeneral, pues puede agravar lo simple y crear conflictos donde no los hay. Su cerrazón mental al aprendizaje es absoluta. Ya lo saben todo, no necesitan aprender nada. Y hoy, la estupidez esta no solo subvencionada sino motivada por los ideólogos de turno. Solo hay que echar un vistazo al sistema social y ver como los no profesionales ocupan trabajos de relevancia que perjudican el bienestar.

El estúpido tiene miedo al estudio. Para saber hay que tener voluntad y estos exóticos señores, carecen de ella, repudian desarrollar sus neuronas para aportar algo sólido y beneficioso a la sociedad, se blindan ante la posibilidad cuando consiguen todo con sus encantos. La insensatez es su juicio, y tan felices cuando encuentran soportes políticos y sociales sobre todo. Por eso se dice que la estupidez es un pecado que puede engendrar maldad.

Las técnicas de los estúpidos es creer que los demás son de condición. Que todos son iguales a ellos. Y son mayoría en todos los estratos y esferas sociales. De ahí que encuentren simpatías en la cultura básica para hacer cambios estructurados públicos e infundir sus maneras y normas como algo novedoso y necesario en los nuevos tiempos.

No somos idiotas, pero estos estúpidos con poder quieren que creamos que sí. La sensatez sigue imperando en el corazón de las personas que sí se ocupan de estar al día, de estar informados y de seguir creyendo en valores y principios atemporales y claves para que el hombre se realice como tal. Solo los idiotas que no saben que no saben, creen estar en lo cierto. Y solo son falsos ante un mundo que está preparado para enfrentarlos adecuadamente cuando precise. Aunque su objetivo sea degradar la moral a través de la incultura o cultura de los tontos, no lo conseguirán. La verdad no es un producto que este a la venta en ningún mercado, por eso la mentira la tratan como su verdad, y por eso la difunden con la nueva cultura que permite potenciar el mal en todas sus formas. Esa es su suerte. Detrás no hay nada.

José Joaquín Llinares Nadal.

 

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