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¿Qué es la corrupción?

Todo abuso de poder con la finalidad de obtener beneficios ilegítimos.

Toda corrupción va en contra de la ley, los derechos humanos y la constitución de cada país.

Existen muchas instituciones públicas que facilitan la corrupción, y no porque estas instituciones sean corruptas en sí, sino, porque el hombre se corrompe por falta de principios éticos, por falta de valores. Es el hombre el corrupto que en su praxis tiñe de negro lo que toca, lo que hace y dice, porque prioriza sus intereses y por ley le es imposible conseguirlos.

Se es corrupto por la ausencia de una buena educación que, precisamente, no parte de la escolarización. Hoy por hoy depende de uno mismo. Es uno mismo quien decide apartarse del camino ancho y cómodo de la corrupción e invertir en su sí mismo para descubrir que la transparencia y el honor son más rentables psico-espiritualmente que la perversión.

La corrupción es la putrefacción del alma humana abandonada en manos del libertinaje que la desintegra en un pozo de pus con hedor a muerte. Es una infección causada por agentes nocivos que arruinan la salud mental y física. Es el resultado de un descarrío que lleva al vacío existencial.

El hombre corrupto ha dejado de valorar lo importante en su vida y ha optado por seguir pautas y conductas dignas de un diablo para obtener lo que jamás será suyo en un mundo donde reina el mal: su libertad. Su libertad psicológica, su libertad espiritual, su libertad de conciencia, pues, ésta misma conciencia le penará por desear lo indeseable que le induce a acometer actos impropios de un ser humano cuyo destino ha de ser buscar la verdad para liberarse del monstruo que fustiga su decencia.

Sí, la corrupción es un delito penado por ley, una ley que debería estar bajo la luz de la verdad y no ciega ante tropelías e injurias que asombran a quien la contempla.

Las leyes anticorrupción no funcionan. La mala educación lo impide.

"Cuanto más corrupto es el estado de una nación, mas leyes tiene", eso decía Tácito, político historiador romano de la época de Flavia y Antonina. No habrá leyes que eliminen la corrupción del hombre mientras no se cambie la educación, una educación dirigida a la integridad del ser humano y la verdad en sí misma. A más leyes más corrupción, es directamente proporcional al mal planteamiento de leyes e inversamente proporcional a la virtud humana. El que hubiera menos leyes para que a la vez existiera menos corrupción dependería cuasi en su totalidad de un cambio radical en nuestras maneras de pensar que serían fruto de una educación iniciada en origen desde la cuna.

Porque una constitución pública se corrompe es una cuestión personal. Las constituciones por si no nacen corruptas se llegan a hacer corruptas por quienes las manejan para fines egoístas. Es el hombre, como el rey Midas, quien corrompe todo lo que toca. Se sirve de estas instituciones con afán de enriquecerse y conseguir fines que de otro modo la decencia y la ley se lo impiden. Este hombre corrupto no está a la altura de las competencias de dichas instituciones establecidas para monitorear la sociedad, sin embargo, los amiguismos y los intereses creados, sirven de plataforma para dar ese ciego salto hacia la consecución de aquello que de otro modo no podrían obtener. Esa es su suerte y por ella justifican lo injustificable.

Está claro que estos tiempos difíciles desvelan con descaro la corrupción reinante. Los escándalos emergen por doquier en todas las áreas de la vida. Es un hecho irrefutable la podredumbre y descomposición putrefacta de una sociedad balanceada tecnológicamente entre ciencias y doctrinas envueltas de apariencia y egolatrías. En cuanto rasgas un poco sus velos polícromos descubres un fino hedor a muerte que amilana el alma.

La corrupción es el cáncer social y mundial que amenaza lo básico y fundamental de la sociedad, la familia. Ya no es aquello de todos para uno y uno con todos, ahora es sálvese quien pueda dentro de la misma institución social como es la familia. El egoísmo entre progenitores e hijos es descomunal por falta de educación. La cultura digna arropada por valores humanos está ausente, cuando no en peligro de extinción. Las relaciones están infravaloradas, ya no se razona, la comunicación es

relativista, con visos hedonistas y sin profundizaciones ni empatías. Todo es volátil, sin compromisos, etéreo, sin complicaciones, sin esfuerzos. Es el hombre de cartón y plástico, que teme perder la razón de una existencia aprendida en la caja tonta. Es la predominancia del bien particular a cualquier precio por el bien común. Es el servirse del otro en vez de servir a los demás. Es la era de la explotación del hombre por el hombre. Es la ausencia de preguntas por el desinterés de respuestas, el no pensar por sí mismo y el hacer como los demás. Es el triunfo de la hipocresía instaurado en el corazón domado del hombre tibio, del éxito del fracaso por la apatía y la desidia. La corrupción es la tentación sin misterios, es el mal vestido de Prada, es la astucia de un carcelero que se encierra a sí mismo en una celda sin barrotes de metal.

¿Y como derrotar esta corrupción que puede infectar al más ilustrado?.

Con una educación solida e integra. La educación debe estar encauzada a una enseñanza formativa en valores humanos y humanizantes. Ha de ser solida porque condensa las valencias o virtudes más relevantes del carácter humano: la verdad, la bondad y la belleza. Ha de ser integra porque se pensará, se sentirá y se hará con vehemencia. La obra será el juez de quien muestre humanidad, y el ejemplo a seguir.

Se ha de evitar amar el dinero, el poder y la fama.

Se ha de reafirmar la verdad, la libertad y los derechos humanos.

Se ha de respetar la propiedad privada y social, fruto del sudor, lágrimas, dolor, sufrimientos y esfuerzos de quienes ganaron su batalla.

Se ha de respetar a nuestros mayores, a nuestros padres, a nuestro prójimo, porque, simplemente, nadie está por encima de nadie, y todos somos uno.

Se ha de venerar la vida porque te da el fruto para tu existir.

Se ha de cuidar de pensamientos malsanos que provocan tensiones internas y conflictos externos.

Admira a quienes han conseguido ser como tú estas destinado a ser, siempre que la bondad, la belleza y la verdad se abanderen como símbolo a seguir.

La verdad y tu como ser integro no sois diferentes. Apréndela, disciérnela, proyéctala en cada paso que des. Y brillarás en la oscuridad reinante e inmunda de una sociedad decadente y enfermiza a causa de una educación desacertada.

El mundo está muriendo. Hemos olvidado al Creador. La ciencia se gestó para ratificar la verdad ancestral dormida en los libros sagrados. La ciencia cumple con falibles tareas y otras más certeras. A veces se parece más a una caja de Pandora que a una de bombones. Pero no es Dios. Y la historia siempre nos recuerda que el hombre cuando se aleja de Dios, del Creador, se corrompe. Es siempre engatusado y engañado por el diablo desde el comienzo de los tiempos. Hoy, el mundo vive una historia de manos de la ciencia, de su avanzadísima tecnología. Y hemos llegado a una situación crítica de manos de esta ciencia. Una ciencia que en su mayoría distorsiona la realidad. Solo quien tiene ojos para ver será capaz de observar sus tejemanejes nada propios de una civilización con pretensiones de evolucionar y abrirse a otras dimensiones. Repito, la ciencia no es Dios. El hombre, cuando pierde de vista a Dios se ciega, y se corrompe. La corrupción siempre tiene un mal final. Siempre ha sido así, y siempre será.

Es decisión del hombre dejar la corrupción y buscar su decencia perdida. Es decisión del hombre conocerse y retomar sus virtudes para demostrar al universo su potencial humano y divino.

Es decisión del hombre ser puro o seguir contaminado por este mundo tecnificado y deshumanizado.

Es decisión del hombre ser íntegro y reconocer el valor de la totalidad y la inutilidad del egoísmo particular.

Es decisión del hombre ser honrado y dejar de seguir la estela del mal.

Es decisión del hombre ser moral, ético, razonable, y como no veraz. En ello le va la vida y su futuro.

Es decisión del hombre velar por la verdad, por la belleza y por la bondad. Es decisión del hombre recuperar su decoro, ser ejemplo a seguir con pundonor.

Es decisión del hombre conservar este mundo para bien de sí mismo y de todos y cuantos seres vivos haya en él, hoy y mañana.

Es tu decisión.

 

José Joaquín Llinares Nadal

 

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