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Arte y más crisis


Por desgracia, el hecho cultural y, específicamente, en sus entrañas, el hecho artístico, es contínuamente incomprendido en nuestra sociedad por las entidades tanto públicas como privadas que lo deben fomentar.
La falta de sensibilidad de ciertas políticas culturales en el aspecto expositivo del hecho artístico, conducen la conexión entre creador y consumidor por derroteros inhóspitos que están empobreciendo las ofertas artísticas y generando un gran déficit educacional en este tema, puesto que el arte entra por la vista y, últimamente no se ve lo que se ha de ver, ni se siente lo que se ha de sentir, puesto que el arte transmite emociones específicas y los canales de su transmisión están, cada vez, más obstruídos.
En nuestra comarca, La Ribera, a falta de galerías y otras entidades privadas, sólo disponemos de las diferentes ofertas expositivas de carácter municipal a través de sus diferentes centros culturales para poder hacer visible este otro mundo de expresión que forma parte, queramos o no, de nuestra dimensión humana de conocimiento sensitivo, que no podemos atrofiar y que debemos, en todo caso, ayudar a su crecimiento.
Por eso, la relación que se debe de establecer entre gestores culturales, sean funcionarios o políticos, con los artistas que ofrecen cultura artística, debería de ser una relación de igual a igual, puesto que se trata de un servicio que el artista ofrece a los municipios y a sus ciudadanos a cambio de muy poco esfuerzo económico.
Habitualmente, el artista que ofrecía su obra a los municipios exponía a cambio de poder vender alguna obra suya y el municipio, en todo caso, podía colaborar con su difusión a través de una tarjeta, un acto de inauguración o, en el mejor de los casos, un catálogo de la obra.
Hay que tener en cuenta que el artista profesional y creador es una persona que ha dedicado sus años de vida a la formación de sus aptitudes en estudios universitarios de larga duración y esfuerzo, como el caso de Bellas Artes, Música, Artes Escénicas, Artes y Oficios, etc...También, en el caso de la pintura, una exposición de 20 cuadros, puede haber supuesto el esfuerzo creativo de dos o tres años. Por ello, cualquier ofrecimiento de exposición en un centro cultural por un profesional creativo titulado, habría de recibirse como agua de mayo, puesto que, si bien es de agradecer el esfuerzo creativo del "amateur" local, esta clase de propuestas entran dentro de una linea de expresión no creativa que siguen gustos decimonónicos que están fuera de los debates artísticos contemporáneos.
Dicho esto, no entiendo el porqué algunos municipios y sus gestores culturales más que agradecer estas propuestas, exigen del artista obras a cambio de nada o, como es el último caso con el que me he encontrado personalmente, en un municipio de la comarca de l'Horta-Sud, el no poder publicitar el precio de las obras en la sala de exposiciones, ni poder venderla, puesto que consideran que no se puede hacer "mercantilismo" con el arte. Para los que quieren vender su obra les reservan la alternativa de pagar tasas municipales desmesuradas por exponer. Este colmo de los colmos supone ya la máxima perversión del mal entendido mundo del esclavo-artista. No es posible que un concejal de cultura, el cual cobra dedicación exclusiva de su trabajo y aparte de los plenos a los que asiste, más lo que devengan sus actividades profesionales, esté negando a los artistas una hipotética venta de una obra, que, conforme a estos tiempos, estaríamos hablando más de un milagro o de un fenómeno paranormal el poder llegar a su realización. Si la cultura debiera de ser altruista el propio concejal de cultura no tendría el porqué de cobrar. Además, si reciben dinero los cantantes, músicos, actores, conferenciantes y talleristas, ¿porqué no pueden vender los artistas?
Tampoco es correcto pedir una obra por exponer y más cuando el municipio no colabora con algo a cambio, como podría ser un buen catálogo de la obra o, como mínimo, un acto inaugural y propagandístico que supusiera un cierto gasto económico.
Creo, que lo más justo, hoy en día, tanto para el artista como para el municipio que esté padeciendo crisis económica, es que no se pida nada a cambio para exponer aunque el municipio tampoco ofrezca nada más que la vigilancia de la propia obra. Ésta es la postura bastante razonable por la que han optado algunos de los buenos gestores culturales de nuestros municipios de la Ribera y más en pequeñas ciudades y habría de ser ún modelo a seguir en estos tiempos de crisis que padece aún más el artista.
Si no se sigue esta linea los pueblos y ciudades están abocados a ofrecer sólo arte local y amateur y dejar de ver el buen arte que sólo se puede experimentar gracias al esfuerzo tan incomprendido de los artistas auténticos que hacen de sus aptitudes una profesión que deberían muchos aprender a respetar.
Actualmente, por desgracia, la tendencia que estoy notando en la gestión cultural es la que me recuerda aquella clásica película protagonizada por Clark Gable e Ivonne de Carlo "La esclava libre". El artista tiene que ofrecer su arte a la ciudadanía a cambio de dotar gratuitamente a los municipios de patrimonio, porque, para eso, es un álma libre y càndida. Una nueva especie de guapa esclava blanca y libre ha nacido para los que entienden la cultura como una relación económica más.

 

Lola Arcas

:: Blog Lola Arcas

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